El perdón

En estos momentos estás viajando en un globo. Un globo grande, precioso, capaz de llevarte a ese lugar donde debes ir, llamado destino.

Para que te eleves y puedas partir tienes que aligerar tu carga. Si te quedas anclada en tu historia no podrás despegar.

Empiezas a deshacerte de fardos y pronto te das cuenta: lo que más pesa son las heridas, pero son también lo más difícil de soltar. Para deshacerte de ellas, has de perdonar.

Nos han enseñado que perdonar es sinónimo de derrota, que perdonar al que te ofende es dejarle ganar. Sin embargo, perdonar no tiene nada que ver con la otra persona. El perdón es nuestro, no del otro. Es un regalo que te haces a ti.

Perdonar no significa quitarle responsabilidad a quien nos hiere, significa quitarle el poder. Porque si no perdonas estarás permitiendo que te siga robando momentos, todos los que vive dentro de ti.

Si no abandonas el peso de las heridas seguirás bloqueada, prisionera en un estado de aislamiento y rencor. La falta de perdón afectará a todo: a tu creatividad, tus relaciones, tu trabajo. Eso es dar parte de tu vida a quien te hizo daño, no lo puedes consentir. Tira por la borda la rabia y el resentimiento y se romperá la cuerda que os unía. Por fin serás libre y te podrás ir.

Tu destino te espera. Y es todo tuyo. No se lo regales a nadie, se quedaría sin utilizar.

Te mereces esto y más

Nuria Pérez

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