¿De qué nos ha servido estar encerrados?

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Sobra decir que el hecho de haber estado encerrados nos ha servido (o al menos así nos lo han hecho saber) para evitar más contagios y, lo más importante, para que nuestros sistemas sanitarios no se colapsen y puedan atender, no solo todos los casos que les llegasen con el covid, además al resto de dolencias graves que también necesitan de atención y aunque ahora, como vemos, están produciéndose nuevos contagios, pueden ser tratados de manera controlada.

En el terreno emocional y vital (que es donde yo quiero llegar) ahora que he empezado a trabajar y que vuelvo a relacionarme con mucha gente, me he encontrado con una sensación generalizada de que no nos gusta nuestra vida y estamos dispuestos a cambiar determinados aspectos de ella. En mi caso particular, de repente me levanté una mañana y me encontré a mi marido buscando casa en las afueras. Vivo en Madrid, en el centro y la sensación de claustrofobia ha sido más aguda en nuestro caso que en el de la gente que vive en una casa con un patio para, al menos, tomar el sol. En este caso me sorprendió comprobar lo poco originales que somos ya que no tardé mucho en enterarme que los precios de la vivienda estaban subiendo en las afueras debido a la alta demanda provocada por el confinamiento. El ser humano es bastante previsible: cuando ya por fin pude salir al campo, decidimos pasar el día en unas conocidas piscinas naturales de Madrid y desistimos al ver las colas kilométricas que había para llegar.

Volviendo al tema que quiero tratar hoy, me he encontrado con gente que ha decidido separarse o que ya lo ha hecho aunque para mi sorpresa también me he encontrado con parejas que se llevaban como el perro y el gato, que yo estaba convencida que vivir 24 horas juntos les iba a venir fatal y han estado más unidos que nunca. 

He hablado con gente que han estado enfermos y que salen con unas inmensas ganas de vivir la vida “a tope” y no desperdiciar ni un segundo de su existencia. 

Gente que no soportaban su aburrido y frustrante trabajo y se han lanzado a la piscina ¡Valientes!

La reflexión que yo saco de todo esto es que necesitamos parar más a menudo. Porque nos viene bien. Necesitamos ese tiempo porque es la única forma de analizar qué está funcionando en nuestra vida y qué no. Uno de los tantos chicos que yo sigo, entre la multitud de pautas que da para mejorar nuestra vida es: una vez al año tomarse unas vacaciones para estar solo, pero solo de verdad, marcharse a un lugar donde no haya conexión y sin más compañía que un cuaderno para apuntar y, por supuesto, un buen libro (o dos o tres). Si tu caso es como el mío que hoy por hoy me resulta difícil (y tampoco quiero) sacar una semana o quince días para mí, sugiero descansar un día a la semana, ya lo decía la biblia: “y al séptimo día descanso”, es igual de saludable si dedicamos un día para descansar, apaciguar la mente, dejar de lado las actividades físicas y mentales y hacer “lo que nos pida el cuerpo”. 

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