La ilusión del control

La mente humana nos ha proporcionado una enorme ventaja como especie. Nos permite hacer planes, inventar cosas, coordinar acciones, analizar problemas, compartir conocimientos, aprender de nuestras experiencias e imaginar nuevos futuros. La ropa que llevas, los zapatos que calzas, el reloj que ciñe tu muñeca, la silla en la que estás sentado, el tejado que hay sobre tu cabeza, el libro que tienes en las manos… ninguna de estas cosas existiría si no fuera por la ingeniosidad de la mente humana. La mente nos permite dar forma al mundo que nos rodea y adaptarlo a nuestros deseos para que nos proporcione calor, refugio, alimento, agua, protección, higiene y medicina. No es de sorprender que esta asombrosa capacidad de controlar nuestro entorno nos haga concebir altas expectativas de control también en otras esferas.

En el mundo material, las estrategias de control suelen funcionar bien. Si algo no nos gusta, pensamos en cómo podemos cambiarlo o deshacernos de ello y luego lo hacemos. ¿Que hay un lobo al otro lado de la puerta? ¡Libérate de él! Tírale piedras o lanzas o pégale un tiro. ¿Que llueve, nieva o graniza? Bueno, no puedes deshacerte de estas cosas pero puedes evitarlas escondiéndote en una cueva o construyendo un refugio. ¿Que la tierra es árida y seca? Puedes acabar con ello por medio del regadío y de la fertilización, o puedes evitarlo trasladándote a un lugar mejor.

Pero ¿qué pasa con nuestro mundo interior? Me refiero a nuestros pensamientos, recuerdos, emociones, deseos, visiones mentales y sensaciones físicas. ¿Podemos evitarlas o desembarazarnos de las que no nos gusta? En el mundo exterior podemos hacerlo con bastante facilidad, ¿por qué no habría de suceder lo mismo con nuestro mundo interior?

Vamos a hacer un pequeño experimento. Mientras sigues leyendo este párrafo, intenta no pensar en un helado. No pienses en su color, ni en su textura, ni en su sabor. No pienses en como sabe en un día caluroso de verano. No pienses en el placer que sientes cuando se derrite en tu boca. No pienses en cómo vas a tener que lamer los bordes para que deje de gotearte en los dedos.

¿Qué tal?

¡Exacto! No has podido dejar de pensar en el helado.

Aquí tienes otro pequeño experimento. Recuerda algo que sucedió la semana pasada. Cualquier recuerdo servirá, ya sea una conversación, una película que viste o, mejor, una comida que tomaste. ¿Ya está? Estupendo. Ahora intenta librarte de ella. Bórrala por completo de tu memoria para que nunca jamás pueda volver a ti.

¿Lo conseguiste? Si crees que sí, vuelve a probar y observa si todavía puedes recordarla.

Ahora evoca esa comida en tu boca. Fíjate en la sensación que tienes en la lengua. Pásatela por los dientes, las encías, las mejillas y el paladar. Intenta que tu boca esté totalmente insensible, como si el dentista te hubiera anestesiado con novocaína. ¿Has conseguido olvidar las sensaciones?

Y ahora considera por un instante esta situación hipotética. Imagínate que alguien te está apuntando a la cabeza con una pistola cargada y te dice que no debes sentir miedo, que, al menor indicio de ansiedad, te disparará. ¿Podrías evitar sentir angustia en esta situación, aunque tu vida dependiera de ello? (Está claro que podrías intentar actuar con calma pero ¿podrías realmente sentirte tranquilo?)

Muy bien, un último experimento. Mira la estrella que presentamos a continuación y luego intenta no pensar en nada durante 60 segundos. Es todo cuanto debes hacer. Durante 60 segundos, evita que ningún pensamiento acuda a tu mente ¡especialmente pensamientos sobre la estrella!

Espero que con esto vayas entendiendo que los pensamientos, los sentimientos, las sensaciones físicas y los recuerdos no son tan fáciles de controlar. No es que no puedas controlarlos, sencillamente es que tienes mucho menos control del que creías. Vamos a ver, si estás cosas fueran tan fáciles de controlar, ¿no viviríamos todos perpetuamente felices? Por supuesto, hay unos cuantos gurús de la autoayuda que afirman vivir en tal estado todo el tiempo. A menudo, estas personas se hacen realmente ricas, sus libros se venden por millones y atraen grandes masas de gente desesperada por saber “la respuesta”.

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