Vivir con incertidumbre

Photo by Anaya Katlego on Unsplash

Trabajo en el aeropuerto pero en estos momentos de mi vida estoy en un ERTE. Las circunstancias actuales han provocado que la actividad allí baje a mínimos de veinticinco por ciento más o menos.

En el grupo de WhatsApp que tenemos los compañeros hay muchas especulaciones y mensajes negativos que nos hacen pensar que nuestro futuro es muy incierto y de nada sirve tener un contrato fijo ya que todo apunta a que nos espera una grave crisis.

Aunque yo lo llevo bastante bien ya que para mi no deja de ser una oportunidad única para poder dedicarme a mis dos grandes pasiones que son mi familia y mis proyectos por internet, entiendo que tengo un fuerte respaldo económico y hay gente que no lo tiene y lo está pasando fatal.

Quien más y quien menos fue educado con la idea de encontrar un trabajo estable para toda la vida. Estamos acostumbrados a que entre un sueldo fijo todos lo meses en nuestras casas que, aunque sea escaso la mayoría de las veces, tenemos la certeza de que, al menos, podremos comer.

Un cambio en nuestros hábitos, por pequeño que sea nos provoca estrés y cuando nos obligan a cambiar nuestras costumbres puede provocar ansiedad y si a eso le añadimos que nuestra principal fuente de ingresos, en el mejor de los casos se ve mermada, los efectos secundarios se agravan.

El riesgo y la incertidumbre forman parte de la vida, podemos reducirla, aumentar nuestro control sobre las circunstancias pero es imposible el control absoluto.

Vivir es asumir riesgos: perder el trabajo, discutir con un amigo, sufrir un accidente, enfermar… Una de las cosas más importantes que tenemos que aprender es a lidiar con la incertidumbre. Aprender a tolerarla y convivir con situaciones que no podemos controlar. 

Lo primero es entender que la incertidumbre es una reacción normal y adaptativa a una situación inesperada. Nos ayuda a poner en marcha acciones para reducir esa situación. No tiene sentido intentar convencernos de que todo va a salir bien o que va a salir mal, no sabemos qué va a pasar y mientras no tengamos ninguna certeza, de nada sirve que adelantemos conclusiones.

Tenemos la costumbre de adelantarnos a lo que va a suceder. Puede que las cosas salgan bien o puede que las cosas salgan mal… Pero si pensamos en lo malo anticipadamente lo único que vamos a conseguir es alargar nuestro sufrimiento ¿y si las cosas salen bien? pues habremos sufrido a lo tonto.

¡Vive el momento! Sí, lo sé, es una frase muy manida, pero no deja de ser verdad. Tenemos la mala costumbre de preocuparnos y eso lo único que hace es robarnos tiempo y energía que podríamos estar dedicando a cosas más interesantes o más útiles porque hasta que no llegue el momento no sabremos exactamente lo que nos conviene hacer.

No dejes de cuidarte: a pesar de los pesares, la persona más importante que hay en tu vida eres tú. Ya que estamos viviendo una situación incómoda, pensemos en qué nos ayuda a llevarla mejor. Muchos de nosotros hemos pasado etapas en las que nos costaba dormir o conciliar el sueño. Existen remedios naturales (o no tanto) que nos ayudan en esos días como puede ser tomarse una infusión relajante antes de acostarse, tomar melatonina, no ver televisión o no discutir con nadie. El ejercicio es algo que ayuda bastante en estas situaciones, sobre todo si es aeróbico como salir a correr o un vigoroso paseo ya que con él liberamos tensiones. Además podemos dedicarnos a hacer actividades que nos resulten agradables, buscar apoyo social o hacer meditación. Todo esto contribuirá a que en caso de que las cosas se pongan peor tendremos una mejor predisposición y estaremos más enfocados a la hora de buscar buenas soluciones.

Sé flexible: todos tenemos nuestras rutinas y a medida que nos hacemos mayores más, nuestro cerebro es vago por naturaleza y si podemos evitar pensar, mejor. Te propongo un ejemplo:

Si  2 = 6

3 = 12

4 = 20

5 = 30

6 = 42

9 = ?

Las rutinas sirven para que las tareas que hacemos a diario salgan de manera mecánica, nos dan seguridad y nos permiten tener controladas nuestras vidas. Pero hay gente que esto lo lleva al extremo y necesitan tener un control absoluto de todo lo que hacen y lo que van a hacer en un futuro próximo y esto les puede llevar a la angustia ya que siempre hay algo que se les escapa de su control o cuando surge algo imprevisto, les rompe lo que tenían planeado.

El problema es que cuanto más basemos nuestro bienestar en tener todos los aspectos de nuestra vida controlados, peor llevaremos la incertidumbre. Hay que dejar siempre un margen a la improvisación, romper nuestras rutinas y si nos guiamos por una agenda dejar un tiempo diario para ese tipo de situaciones que surgen de repente, que no surge nada y nos sale el día rodado… seguro que se te ocurre algo para llenar ese vacío. 

Lo importante es ser consciente de que las situaciones imprevistas forman parte de la vida y que como han venido, también se irán para bien o para mal.

Mi amigo Jaime me repetía a menudo esta famosa frase:

“Si tiene solución ¿por qué te preocupas? y si no la tiene ¿por qué te preocupas?”

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